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Hace 30 años nació la serie sucesora de la “gran clase” de BMW, que se convertiría en un sinónimo de lujo, elegancia e innovación: se trata de la Serie 7 de BMW. Recurriendo a la base tecnológica del gran BMW Serie 6 Coupé, lanzado en 1976 con una línea obra del jefe de diseño de BMW Paul Bracq, BMW consiguió crear un coche mayor que su predecesor, pero que mantenía las características dinámicas que distinguen a la marca. La ingeniosa y sobria carrocería tomó sus principales rasgos del BMW Serie 6 Coupé. Las suaves superficies del capó y el maletero, los cortos voladizos y la baja línea de cintura garantizaban una excelente visibilidad para los ocupantes. Además, la superficie acristalada era un 11 por ciento más extensa que en el modelo predecesor. Los ingenieros de BMW también llevaron a cabo modificaciones en el chasis y en el terreno de la seguridad. Entre las nuevas características se encontraban una suspensión delantera de doble articulación con columnas telescópicas, una dirección con distinto ángulo de salida y una suspensión que reducía el cabeceo al frenar. También contaba con un subchasis trasero de estructura cerrada, que ofrecía una mayor rigidez y una mejor protección contra la corrosión. Al igual que otros coches de la gama BMW, los modelos de la Serie 7 equipaban una barra antivuelco central que, en combinación con todos los refuerzos del techo y los resistentes pilares centrales, creaba una gran estructura de seguridad integrada para asegurar la supervivencia de los ocupantes incluso en impactos extremos. Con la nueva Serie 7, que se une a las Series 3, 5 y 6, BMW completaba una gama de vehículos cuyo “parentesco” es inmediatamente reconocible gracias a sus diseños, parecidos pero distintivos. “La unión entre lo visual y lo técnico está asegurada en todas las series”, según Hans-Erdmann Schönbeck, actual director de ventas. “Todos los modelos BMW vuelven a formar una “familia” con muchas características en común.” Aparte de estos elementos, había una larga lista de equipamiento opcional para que los clientes pudieran configurar el BMW Serie 7 a su gusto. Entre estas opciones se encontraba una transmisión automática, un sistema de lavafaros con chorro de agua y escobillas, aire acondicionado, elevalunas eléctricos, suspensión autonivelante, pintura metalizada, tapicería de cuero y asientos separados y ajustables eléctricamente en la parte trasera. La gama de equipamiento especial se complementaba con “accesorios deportivos” como un diferencial autoblocante, llantas de aleación y un volante deportivo de cuero. Durante los primeros años de la Serie 7 se fueron añadiendo otras opciones de equipamiento con regularidad. En 1978 BMW comenzó a ofrecer el Sistema Anti-Bloqueo de Frenos (ABS). Para hacer que el buque insignia de la marca fuese aún más seguro y confortable, se pusieron a disposición de los clientes opciones como una alarma antirrobo, un espejo de cortesía para el conductor, pomos calefactables, asientos calefactables, ordenador de a bordo, control de velocidad de crucero, cortinillas para la luna trasera y climatizador automático. La gente de negocios que pasara mucho tiempo en el carretera también podía disfrutar de un teléfono en el interior del coche. A principios del verano del año 1980 se entregó la primera unidad de la nueva versión tope de gama de la primera generación de la Serie 7: el BMW 745i. Este coche contaba con un motor turbo de seis cilindros y 252 CV combinado de serie con una caja de cambios automática de 3 velocidades. La denominación de este modelo procede de la fórmula que se aplicaba para conocer la categoría en la que podían ser inscritos los modelos de carreras con turbo de la época: la cilindrada del motor multiplicada por 1.4. Para el BMW Serie 7, que tenía una cilindrada de 3210 cc, el resultado de aplicar la fórmula era 4494. Este motor sobrealimentado de seis cilindros y 3.2 litros ofrecía unas prestaciones difíciles de superar dentro de su categoría. Ya fuera de la gama oficial de vehículos, y por ello desconocido por el público, BMW fabricó el 725i. Estaba propulsado por el motor de 150 CV del BMW 525i y fue diseñado para ser el coche oficial de cargos públicos, ya que estos vehículos solían tener la cilindrada restringida a 2.5 litros. Para asegurarse de que estos potenciales clientes pudieran elegir siempre un BMW Serie 7, BMW decidió montar en él el fiable motor de la Serie 5. Cuando concluyó el periodo de producción en abril de 1986, se habían construido un total de 921 unidades. En 1981 BMW lanzó una versión blindada del Serie 7, también especialmente dirigida a cargos públicos. Cuando cesó la producción de la primera Serie 7 en 1986, se habían fabricado 285.029 unidades. El modelo más vendido fue el 728i, del que se vendieron 70.360 ejemplares, seguido del 735i, con unas ventas de 60.818 unidades. Un total de 16.848 BMW Serie 7 se enviaron a África del Sur como kits CKD. Fue allí también donde se comercializó el BMW Serie 7 más potente. A principios de 1984, y pasando prácticamente inadvertido para el público europeo, se lanzó al mercado una versión especial del 745i, propulsada por el motor atmosférico de cuatro válvulas por cilindro M88/3 procedente del BMW M1. Gracias a su sistema de inyección L-Jetronic, la potencia aumentó hasta los 290 CV. Este coche podía contar con una caja de cambios deportiva de 5 marchas o con una automática de 4 velocidades con control electrohidráulico y tres modalidades de cambio. Las llantas de aleación fueron proporcionadas por BBS Mahle mientras que Pirelli suministró los fiables neumáticos P7 en las medidas 205/55 o 225/50. La tecnología y el equipamiento interior eran los mismos que los de los modelos europeos Executive de la Serie 7. Por fuera, esta versión del 745i se podía reconocer por los embellecedores de las ruedas con los antiguos anagramas de BMW Motorsport. Por dentro, lo único que indicaba la presencia de algo fuera de lo común bajo el capó, era un cuentavueltas con la letra M y las bandas con los colores de BMW Motorsport. Con una velocidad punta de 241 km/h, este BMW 745i de África del Sur sólo era un poco más lento que el BMW M5, que pesaba 300 kg menos. En mayo de 1986, sólo 192 unidades de este especial modelo habían abandonado la fábrica. En el mercado estadounidense también estaba disponible una variante especial de la Serie 7 de BMW, conocida como L7. Incluso para los más entendidos, esta denominación sólo resulta familiar por la tercera generación de la Serie 7. En esta generación, esas siglas designaban a los modelos que se vendían en los mercados árabe y asiático, con una mayor batalla y una sección central añadida. Sin embargo, el modelo L7 apareció ya en el mercado americano en otoño de 1985. La L significaba “lujo” y este modelo se correspondía prácticamente con el europeo 735i Highline, aunque además ofrecía un equipamiento de serie que incluía airbag para el conductor, techo corredizo eléctrico, aire acondicionado y asientos calefactables. Pero la Serie 7 de BMW no solo ha representado el dinamismo y el lujo, también ha sido siempre un sinónimo de innovación. Por ejemplo, los primeros años 80 fueron testigos de un pionero experimento llevado a cabo en colaboración con el Instituto Alemán de Ensayo y Desarrollo Espacial y de Aviación (DFVLR, según sus siglas en alemán). Un BMW 735i y un 745i se transformaron en vehículos bivalentes que podían funcionar con gasolina o con hidrógeno líquido. Por aquel entonces, BMW ya se había percatado de las favorables características medioambientales del hidrógeno y del hecho de que, como fuente de energía secundaria, ofrecía una disponibilidad ilimitada a largo plazo. Siguiendo siempre ese camino, y después de casi 25 años de desarrollo, BMW lanzó a finales de 2006 el primer modelo de producción propulsado con hidrógeno: el BMW Hydrogen |
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¿contraseña olvidada?